Resumen y comentario del libro: ¿Quién teme a la naturaleza humana? Raúl Rivas

Prec   Raúl Rivas Castizo                                   Metodología Ciencias Sociales Mayo 2012

 

Resumen y comentario del libro: ¿Quién teme a la naturaleza humana?

La dimensión natural del ser humano, su naturaleza biológica y su origen evolutivo, constituye una de esas incómodas evidencias que todo el mundo acepta pero que nadie sabe, realmente, cómo administrar.”[1]

Con esta sentencia, los hermanos Castro Nogueira, un biólogo, un filósofo y un antropólogo, nos preparan para reconceptualizar los programas de investigación de las ciencias sociales superando los tópicos reduccionistas.

Castro et alía, defienden desde un punto constructivista, la naturaleza humana a través de la cultura, con lo que denominan aprendizaje assessor; “Y a la necesidad que tenemos de lograr el reconocimiento de los otros nos impele a aceptar como bueno aquello que genera alabanzas y como malo lo que produce rechazo”[2].

Esta tesis no ha tomado en cuenta, que aunque también, constructo social, esa necesidad de seguridad, es en su génesis, es origen de los sentimientos dicotómicos innatos de autocompensación, con los que todos los humanos en diferentes gradientes nacemos, tal y como postula Antonio Damasio;[3]  y en este caso fruto del sentimiento de seguridad/inseguridad que nos obliga a cuestionar nuestros actos, los de los demás así como de cuanto nos rodea;  o bien la necesidad de lograr el reconocimiento, puede también estar asociada a nuestra forma de aprender, la repetición, assessor, defendida también por Michael Gazzaniga[4]

Y desde la posición naturalista ofreciendo así una vuelta hacia el paradigma gen-cultura, defienden  apoyados en los nuevos descubrimientos científicos y el avance de la investigación en biología evolucionista, neurociencias, inteligencia artificial y ciencias cognitivas, las líneas de convergencia capaces de situar la reflexión humanística y científica social, sobre una concepción de la naturaleza humana, como objeto de investigación empírica, no meramente especulativa.

La identificación de un nuevo y muy humano mecanismo psicobiológico, surgido durante el proceso filogenético de nuestra especie, que consiste en un segundo sistema de categorización valorativa, armado sobre la base neurológica primitiva que regula las sensaciones de placer displacer -esenciales para el aprendizaje individual.[5]

Al denominado “segundo sistema de categorización valorativa…” al hilo de las investigaciones de John Bargh[6], y más tarde de Dylan Haynes[7], que demostraron que el sistema de valores se gestiona en el inconsciente, se debería denominar “heurística del reconocimiento[8]”, pues nuestro inconsciente elige lo que conoce y desecha lo desconocido e inseguro, según los postulados de Haynes, reforzadas por los estudios de Daniel Kahneman[9] y la aversión a la perdida.

En el inconsciente se gestan los sentimientos dicotómicos innatos, de placer/displacer, alegría/tristeza, amor/odio, etcétera, que bien, o  iniciados por una necesidad, hambre, enfermedad, bienestar, etcétera; o por una situación que pone a prueba los sentidos, poniéndonos alerta y modificando la química de nuestro cerebro, como postula Antonio Damasio[10], “sin sentimientos no se puede tener conciencia”.

Estos sentimientos juegan el papel importante para la conservación de la especie, pues como postula Aldo Rustichini[11], la envidia o el arrepentimiento no son sentimientos irracionales, nos sirven para tomar mejores decisiones en el futuro y guardar la experiencia asociada a las sensaciones vividas y por tanto, también, obra del constructo social.

Es por tanto que podemos estar de acuerdo con los errores que ponen de evidencia Castro et alía, en el programa de investigación de Cosmides y Tooby conocido como Psicología evolucionista, bajo la etiqueta de Modelo Estándar de las ciencias sociales (ME)[12], que describe la arquitectura de nuestro cerebro como de propósito general, sin ligaduras de contenido y sin carga innata, con meros algoritmos formales.

También se puede refutar el ME con los estudios de Nancy Etcoff[13], que demuestran que a todos nos atrae un modelo de belleza, la simetría, pues inferimos salud a lo bellos, simétrico.

ME de las ciencias sociales según Cosmides y Tooby:

a)      El ME no niega la naturaleza animal del ser humano. Admite que la cultura y la vida social resultan de nuestra particular constitución biológica, pero tal constitución no determina ni la cultura ni la vida social.

b)       cultura de cada grupo es mantenida y transmitida en y por el grupo, de generación en generación y de forma continua, a través del aprendizaje y la enseñanza.

c)        Las diferencias entre grupos humanos no pueden ser explicadas por la genética, pues ésta es común a todos los miembros de la especie.

d)      Los adultos muestran profundas diferencias de comportamiento y organización mentale

e)      El nivel sociocultural es autónomo y auto causado. La causa de los hechos sociales ha de buscarse en otros hechos sociales, no en los individuos o en sus experiencias psicológicas.

f)       La psicología individual puede ser considerada como un sistema de engranajes que hacen posible el aprendizaje y permiten la acción de la cultura sobre la mente de cada individuo.

g)      La selección natural ha remplazado en nuestra especie los sistemas genéticos especializados de las demás especies. La cultura desmonta el componente biológico, la supera y se presenta como una segunda naturaleza.

 

Así como Castro et alía proponen el lenguaje, como capacidad innata a todos los humanos, para reforzar la existencia de una carga innata; el apartado c) “la genética”, si debe considerarse origen de la intensidad de nuestros sentimientos y por ende de nuestras acciones/decisiones, pues los estudios de Dean Hammer[14] sobre el  gen VMAT2 que demuestran, como en dependencia a este gen, que es el encargado de suministrar la dopamina y serotonina, hay personas más felices que otras y si tenemos en cuenta la diversidad  genética y por tanto, la diversidad morfológica humana, podemos afirmar que la genética influye en el estado psicológico del individuo forzando así  la varianza y transmitiendo parte de cultura debido a la plasticidad cerebral demostrada por Merzenich y Kaas[15], en sus experimentos con simios y el nervio mediano, que demostraron como el cerebro tiende a reconfigurarse y cambiar su morfología adaptándose a un trauma.

Tampoco podemos estar nada de acuerdo con el punto e),  f) y g); puesto que la genética condiciona nuestro estado mental de base y por tanto nuestras decisiones; si tenemos en cuenta los estudios sobre la población reclusa en Winsconsin realizada por  Joseph Newman[16] que demuestra la anormalidad específica del cerebro asociada con criminales con psicopatía, lo que demuestra la diversidad de morfología y química del cerebro, estamos hechos para ser diferentes, y tenemos en cuenta los diversos estudios que demuestran que los genes se heredan,[17] podemos afirmar que en parte estamos predestinados a ser como somos. Por tanto los hechos sociales son de origen biológico y están condicionados por otros hechos sociales, ya que si tenemos en cuenta la capacidad de enfermar/influenciar en la mente humana, “síndrome de Estocolmo”[18], es fácil advertir como el marco condiciona, de una forma duradera, al actor, pero no siempre y no en los mismos gradientes.

 

Modelo Causal Integrado (MCI) de Cosmides y Tooby:

a)      La mente humana se forma por un conjunto de mecanismos de gestión de la información contenidos en el sistema nervioso.

b)      La mayoría de estos mecanismos cumplen específicamente funciones adaptantes a los problemas ambientales (elección de pareja, aprendizaje del lenguaje, etc.)

c)       Estos mecanismos se presentan como sistemas modulares de contenido específico.

d)      Los mecanismos de contenido específico de tratamiento de la información  crean una parte del contenido particular de la cultura humana.

e)      Estos contenidos circulan de unas mentes a otras en forma de representaciones. Tal circulación es posible por la imitación, el aprendizaje, la enseñanza y gracias a nuestra compleja arquitectura mental (mecanismos cognitivo-representativos análogos).

f)       Este sistema de producción y circulación de representaciones da lugar a fenómenos epidemiológicos en los que las representaciones se mueven a partir de dos clases de factores: cognitivos (las características de nuestra estructura mental evolucionada) y locales (ecológicos, económicos, demográficos, técnicos).

 

Al igual que Cosmides y Tooby critican la lógica central del ME porque descansa sobre concepciones y nociones anticuadas,[19] lo mismo podemos afirmar sobre su concepción de MCI, a la luz de los nuevos descubrimientos sobre la arquitectura del cerebro humano.

En el siguiente capítulo Castro et alía nos sumergen en la filogénesis del ME de las ciencias sociales, y en lo poco que ha cambiado el paradigma del ME, de la mano de la teoría social y e fuerte construccionismo defendido por MEAD, Homans, Goffman, Hayek, Weber, Durkheim, Parsons, Marx, etcétera. Y de las razones para el distanciamiento de la biología y las ciencias sociales,[20] a través de Dobzhanskky por ejemplo.  También, nos acercan el paradigma de Pinker[21] y su tabla rasa, la denominada “culturaleza”, que ya ha sido refutada por las teorías, sobre genética, heurística del reconocimiento y morfología y química cerebral,  anteriormente expuestas en este resumen/crítica.

En los capítulos doce y trece, deconstruyen el ME  para un mejor razonamiento del Homo suadens y el bienestar en la cultura, y se analiza, el Espacio-Tiempo Social (ETS) y los procesos de subjetivación[22]. En los procesos de subjetivación configuradores de individuos o sujetos existen tres elementos de orden histórico-cultural según los autores: “Socius, Corpus y Animus”[23]; y dos elementos de orden psicobiológico: Habitus y Fluxus[24].

El Habitus (la dimensión psicobiológica) y fluxus (la dimensión bio-psico-social) constituyen los anclajes psicobiológicos responsables del mantenimiento de la realidad social: realidad formateada por las complejas tramas de racimos espacio-temporales (plektopoi) en los que habitamos verdaderamente los hombres. Habitus y fluxus despejan de una vez por todas las dimensiones espacio-temporal de la naturaleza humana que las ciencias sociales han de volver a repensar seriamente si no quieren seguirse viendo en lagunas tautológicas fundadoras.

Concluirán los autores que existen tres espacio-tiempos decisivos para el hombre y la naturaleza humana: a) plektopoi o pliegues del ETS, diferentes en cada época histórica de la cultura; b) burbujas impliegues y plikas(espacios-tiempos locales y pragmáticos de valores compartidos y de topología variable y a menudo efímera); c) los espacios mentales de cada sujeto en cuyo seno habita simulando y escaneando los dos espacios anteriores. Este último es anterior a los otros dos en la filogénesis humana y la auténtica condición de posibilidad.

En el último capítulo de la tercera parte del libro, se exponen, la crítica de los errores teóricos y conceptuales de El Suicidio de Durkheim y La distinción de Bourdieu. Los autores nos enseñan como Durkheim manipula categorialmente el concepto de imitación para dejar la estrategia psicologizante lejos del objeto de estudio que  pretendía para la Sociología. Los autores  llegarán a la conclusión de que el mayor error metodológico de Durkheim fue, por un lado, no haber definido las supuestas corrientes de suicidios que atraviesan la sociedad fruto de grandes transformaciones y crisis sociales anómicas y, por otro lado, no haber analizado sus efectos en los tejidos microsociales. En cuanto a La distinción, se concluye que Bourdieu no fue capaz de captar las dimensiones críticas a través de los verdaderos plektopoi de la experiencia.

 

Conclusiones personales

A mi parecer, siguiendo a Castro et alía, convengo en la tarea urgente para las ciencias sociales:

“dotarse una genuina fenomenología de las creencias puesto que las creencias son la forma primigenia de todo saber. Sólo así se entenderá la radical importancia del bienestar psicobiológico porque éste ha estado siempre en la filogénesis de nuestra especie y es el que promueve el aprendizaje social.  El bienestar debe ser incorporado al análisis como variable esencial para la explicación de los procesos sociales a través de los cuales atribuimos sentido a nuestra existencia.”[25]

Y por tanto la refundación del ME de las ciencias sociales, pues este no tiene en cuenta el carácter primario y heurístico alojado en nuestra conciencia de origen genético y modelado por la cultura. Estas variables subjetivas, no son insondables, los actuales ingenios del “homo gensocius” (escáneres, tomografías, etcétera.)  comienzan ha arrojar luz sobre el funcionamiento de los procesos cognitivos, y la química cerebral, que  unido a los avances en genética, posibilitaran que conozcamos la predisposición subjetiva a todo tipo de estímulos y por ende nos darán la parte de la ecuación que interviene en el proceso social y asistiremos a la  evolución del “homo suadens” a “homo gensocius”.


[1] ¿Quién teme a la naturaleza humana? Pág. 1

[2] Ibídem Pág. 26

[3] En busca de Spinoza: neurobiología de la emoción y los sentimientos. Editorial Crítica. 2005

[4] 2010 Gazzaniga, M.S. The cognitive neurosciences MIT Press, Cambridge, (4th Edition).

[5] ¿Quién teme a la naturaleza humana? Pág. 27

[6] Hassin, R., Uleman, J., & Bargh, J. (Eds.). (2005). The new unconscious. New York: Oxford University Press.

[8] Gigerenzer, G., & Brighton, H. (2009). Homo heuristicus: Why biased minds make better inferences. Topics in Cognitive Science, 1, 107–143.

[10] En busca de Spinoza: neurobiología de la emoción y los sentimientos. Editorial Crítica. 2005

[12] ¿Quién teme a la naturaleza humana? Pág. 236

[13] Survival of the prettiest. The Science of Beauty 1999

[14] The God Gen 2006

[15] Stryker, Michael P.; Jenkins, William M. and Michael M. Merzenich; Merzenich, MM (September 18, 1987). “Anesthetic State Does Not Affect the Map of the Hand Representation Within Area 3b Somatosensory Cortex in Owl Monkey”

[16] Koenigs M, Kruepke M, and Newman J.  2010.  Economic decision-making in psychopathy: A comparison with ventromedial prefrontal lesions. Neuropsychologia, 48: 2198-2204.

[17] Dean Hamer Hamer DH, Hu S, Magnuson VL, Hu N, Pattatucci AM (July 1993). “A linkage between DNA markers on the X chromosome and male sexual orientation”

[18] Nils Bejerot, en Stockholm New Scientist, volumen 61, número 886, pág. 486-487, 1974

[19] ¿Quién teme a la naturaleza humana? Pág. 242

[20] Ibídem Pág. 273

[21] Ibídem Pág. 248

[22] ¿Quién teme a la naturaleza humana? Pág. 296

[23] Ibídem Pág. 304

[24] Ibídem Pág. 304

[25] Ibídem Pág. 288

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